O cómo sobrevivir junto a un severo, sádico y malvado padrastro y sucumbir a sus estrictas órdenes.

Liz vive con su madre y con el reverendo del pueblo, el marido de su madre, un severo seguidor de las leyes interpretadas a su manera, donde se hace lo que él dictamine y a su manera. Pero cuando la madre de Liz muere, todo es peor y más aterrador, los juicios del predicador son cada vez más radicales y se acerca cada vez más a la atemorizada joven. Necesita ayuda, necesita huir o morirá como hizo su madre.

Una increíble película que no deja indiferente a nadie, donde todo el mundo se estremecerá por las órdenes y haceres del reverendo, un personaje muy bien desarrollado por Guy Pearce, en el que a partir de este visionado prometo que le odiaréis.

Aunque al público le atrae la aparición del breve, pero decisivo papel de Kit Harington, el personaje del predicador eclipsa a cualquier personaje secundario, esa fuerza en la mirada, la mandíbula apretada por una ira interna, por su continuo hacer y malas artes…

Es una película de obligado visionado, donde cada vez que aparezca Guy Pearce, apretarás tan fuerte el posabrazos de la butaca del asco que le tendrás.

Un film nada justo, con unas antiguas leyes asquerosas y con nada de consideración para con las mujeres de la época, donde si eras un hombre, y además, difusor de la Palabra, aún era peor.

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