Siempre escuchamos que la realidad supera a la ficción. Y existen historias tan absolutamente demenciales que cualquier guionista tendría problemas para hacerlas creíbles.

Conocimos a Enric Marco, el falso superviviente de los campos de concentración nazis.

Y después está Tania Head.

Superviviente del 11-S. Herida durante el ataque. Prometida de un hombre que murió en la otra Torre mientras ella era rescatada estando malherida. Símbolo de la resiliencia del momento. Presidenta de la red de supervivientes y apoyo fundamental para personas traumatizadas que necesitaban compartir aquello a lo que habían sobrevivido.

Pero es que Tania Head nunca estuvo allí.

Ni sobrevivió a las Torres Gemelas, ni perdió a su prometido aquel día. Tania Head era, es en realidad, Alicia Esteve, una adinerada mujer de Barcelona que construyó una falsa identidad alrededor de una de las mayores tragedias televisadas del siglo XXI.

Y es aquí cuando Kike Maillo juega muy bien sus cartas.

Durante buena parte del metraje parece avanzar por terrenos conocidos y nada sorprendente: supervivientes relatando sus terribles experiencias, las estremecedoras imágenes reales del atentado, testimonios sobre el trauma… hasta que empiezan a aparecer psicólogos, especialistas y voces catalanas hablando y opinando del tema.

Eventos americanos analizados por voces catalanas.

Mi no entender del todo.

Hasta que la película revela sus cartas y comienza un viaje totalmente nuevo, de Nueva York a Barcelona, del personaje de Tania a la persona de Alicia, del trauma real y la resiliencia a la gran mentira construida alrededor del atentado.

El montaje mueve muy bien esta transformación y consigue que el descubrimiento resulte natural, sin necesidad de convertirlo en un gran true crime.

Las recreaciones dramatizadas también funcionan y permiten poner imágenes a una historia en la que su protagonista real continúa siendo, en muchos sentidos, un enorme interrogante.

Pero lo que realmente me llamó más la atención, es el extraordinario trabajo periodístico que hay detrás de toda esta tremenda historia: desde los reporteros de The New York Times que comenzaron a detectar las inconsistencias en el relato de Tania hasta la investigación en Catalunya que permitió reconstruir quién era realmente Alicia Esteve.

El documental se ve con facilidad, está muy bien hilado y consigue que las imágenes del 11-S vuelvan a remover al espectador más de dos décadas después.

Y cuando termina, lo que permanece en el espectador no son las imágenes y los testimonios reales. Es Tania. Es Alicia.

Y la cruel verdad de que una de las , supervivientes más conocidas del 11-S, en realidad jamás tuvo que sobrevivir al 11-S ya que, como miles de personas en ese momento, estaba viendo el atentado bajo la cómoda y salvadora comodidad de su casa en Barcelona.