
Después de buscar a su padre en Internet, una chica que se siente atraída por la gente, establece inesperadamente un vínculo estrecho con un hombre afligido y sin hijos que se llama igual que su padre en Facebook. Inspirada en una historia real.
Hay películas que buscan impresionar con grandes presupuestos, localizaciones espectaculares o giros narrativos que te peten la cabeza.
Y hay otras que deciden apostar por lo más difícil: la verdad emocional y Un like de Bob Trevino pertenece a esta segunda categoría, y lo hace con una valentía que desarma.
Basándose en una historia real, ya duele, pero el gran corazón de la película está en su protagonista interpretado por Barbie Ferreira. Su interpretación es, sencillamente, profunda y valiente.
Da vida a un personaje profundamente dañado, alguien cuya falta de cariño es tan palpable que casi raspa la pantalla.
Cada gesto, cada mirada y cada silencio transmiten esa necesidad desesperada de afecto y contacto que nunca llegó.
Es un trabajo interpretativo doloroso, desnudo, sin artificios, que sostiene toda la película.
Al mismo tiempo, el film consigue algo igual de poderoso: despertar un rechazo visceral hacia la figura del padre. El vacío emocional que deja tras de sí se convierte en una herida abierta que atraviesa toda la historia. Esa dinámica familiar, marcada por la ausencia, el egoísmo y el daño acumulado, está retratada con una crudeza que resulta incómoda y profundamente humana.
Las actuaciones, en conjunto, son maravillosas. No en el sentido espectacular de la palabra, sino en el más difícil: son interpretaciones dolorosas, sentidas, auténticas. Se percibe una honestidad emocional que rara vez se ve en pantalla.
Rodada con un presupuesto modesto, la película no hace gala de ostentosas localizaciones ni de una producción aparatosa. Pero tampoco las necesita. Todo queda relegado frente al peso de las interpretaciones, tan demoledoras que convierten cada escena en un pequeño terremoto emocional.
Un like de Bob Trevino es una de esas películas pequeñas que Ye hinchan el pecho y te hacen sentir. Una historia íntima, sincera y profundamente humana que habla de abandono, de la búsqueda de afecto y de la necesidad de ser visto.
Me encanta y la recomiendo con fuerza aunque tengo la sensación de que pertenece a esa clase de películas que, injustamente, pasan desapercibidas.
Y quizá por eso mismo merece aún más ser descubierta.