O cómo una obra se convierte en maldiga y mueve toda una ciudad.

Jesse Rosenberg, capitán de la policía de NY y Dereck Scott, sargento de policía, hace 20 años resolvieron y atraparon al culpable de un asesinato múltiple. A punto de dejar el cuerpo por un proyecto personal, Jesse recibe la visita de una joven periodista, Stephanie Mailer, que sembrará la semilla de la duda, poniendo en entre dicho las conclusiones a las que llegaron en el caso e insinuando que no sólo se equivocaron, sino que el asesino sigue libre y pronto volverá a matar…

Cómo es costumbre con las novelas de Joël Dicker, habla de un suceso traumático y terrible que les ha sucedido a los personajes y les ha marcado de tal manera que les ha limitado en sus vidas. Pero lo comenta tanto durante el desarrollo de la novela que es casi más importante que la historia contada por ahora, por lo que hace que te descentres y sólo te centres en lo que pasó para entender ese dolor, y por lo que no acabas de disfrutar del momento.

Un montón de personajes preincipales, aún más de secundarios, historias del ayer que impactan en las de hoy, todos guardan secretos, todos con pasados pesados, y todos han de ayudar a capturar a un asesino.
Una trama compleja para hacer casar a tanto personaje con tanta historia, una historia con varias vueltas de tuerca, donde nada es lo que parece y el final, nunca acaba de ser el definitivo, siempre hay algo más.

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