
‘The Forbidden City’ es kung-fu en Roma, mafias de barrio y una heroína que reparte con mucho glam.
The Forbidden City no es exactamente una película asiática, sino una producción italiana dirigida por Gabriele Mainetti que mira de frente al cine de artes marciales asiático y lo mezcla con mafia romana, melodrama, comedia y romance.
Su título original es La città proibita, y en Sitges 2025 pasó por la sección Òrbita, con Yaxi Liu, Enrico Borello y Sabrina Ferilli en el reparto.
La historia junta a dos personajes que vienen de mundos muy distintos: por un lado, el hijo de un dueño de restaurante endeudado y desaparecido; por otro, una joven china recién llegada a Roma en busca de su hermana.
A partir de ahí, Mainetti monta una especie de neo-wuxia europeo, con vendettas familiares, bajos fondos, mafias, cocina, barrio y unas cuantas escenas de kung-fu bastante bien coreografiadas.
La propuesta tiene su punto poco convencional, sobre todo porque la gran fuerza física de la película recae en una mujer. Yaxi Liu interpreta a Mei, y su presencia cambia el eje habitual de este tipo de relatos. No estamos ante el clásico héroe masculino que llega a repartir justicia con cara de trauma. Aquí quien entra como un vendaval es ella: pequeña, precisa, seca, contundente y con una capacidad muy seria para convertir cualquier objeto cercano en un problema para el villano de turno.
Tiene los ingredientes que uno espera: familias rotas, deudas, hermana desaparecida, padre ausente, mafias enfrentadas, romance inesperado, villanos reconocibles y redención a base de golpes.
Mainetti no está inventando un nuevo idioma del cine de acción, sino mezclando con cariño varios idiomas que conoce bien.
Lo mejor es cómo lo viste. El vestuario y la fotografía son muy bonitos para tratarse de una película de acción, y eso le da un tono especial. No estamos en el terreno sucio, brutal y sudoroso de The Furious, donde cada combate parece diseñado para romperte tres costillas desde la butaca. Aquí la acción es más pausada, más coreográfica, más de mirar el movimiento que de aplastar al espectador contra la pared. Su intención no es destrozar más, sino mostrar mejor.
Y eso se nota especialmente en las escenas de lucha. La película no busca la velocidad suicida ni la acumulación de cadáveres, sino un tipo de acción más limpia, más elegante, con mucho gusto por el gesto y por el uso del espacio.
Hay algo muy de Jackie Chan en ese placer por aprovechar cocinas, utensilios, mesas, pasillos y cualquier cosa que haya a mano para construir una coreografía juguetona.
De hecho, una de las cosas más claras es que Gabriele Mainetti ama el cine de género. Ya en Le llamaban Jeeg Robot jugaba con el superhéroe desde una sensibilidad muy italiana, y aquí hace lo mismo con el kung-fu, el melodrama criminal y el cine de mafias. Sitges recuerda precisamente a Mainetti como director, actor, guionista, compositor y productor, conocido por They Call Me Jeeg Robot, y presenta The Forbidden City como su tercer largometraje.
Pero ese amor también le juega alguna mala pasada.
Porque la película quiere ser muchas cosas a la vez: acción marcial, drama familiar, comedia romana, romance multicultural, thriller mafioso, cuento de venganza y choque de culturas.
Cuando funciona, tiene mucho sabor. Roma no aparece como postal turística, sino como cruce de comunidades, restaurantes, callejones, negocios turbios y familias que se sostienen como pueden.
Hay algo muy agradecido en ver una película europea apropiarse del kung-fu sin convertirlo solo en una imitación barata, sino intentando mezclarlo con su propio imaginario: la trattoria, la mafia, la madre italiana, el barrio, el amor, la deuda y la venganza.
Pero cuando no funciona, se nota el exceso de metraje y de subtramas. La película dura 138 minutos, y para una historia tan reconocible quizá le habría venido bien algo más de tijera.
No porque aburra, sino que a ratos se dispersa.
Hay momentos en los que uno quiere volver a Mei, volver a las peleas, volver al nervio principal, y la película decide desviarse por el melodrama, la comedia o el romance.
Es más luminosa, más romántica, más clásica. Su violencia tiene más de baile que de demolición. Sus mafias tienen más aroma de cine popular que de pesadilla criminal. Y su protagonista no necesita gritar demasiado para imponerse: le basta con moverse bien.
The Forbidden City es una película de acción convencional, pero muy disfrutable en su envoltorio.
No reinventa nada, no alcanza la electricidad de los grandes referentes asiáticos y a veces se alarga más de la cuenta, pero tiene una protagonista potente, una puesta en escena cuidada, una fotografía muy bonita y un evidente amor por el cine de género.
Es Mainetti jugando a mezclar Roma con kung-fu, mafias con melodrama y tortazos con corazón.
No siempre acierta, pero cuando la película se centra en mirar a Mei pelear, ahí sí que encuentra su verdadera razón de ser.