
Una ambiciosa periodista es contactada por un inquietante personaje que le propone obtener el ansiado éxito escribiendo el libro sobre su talento: el de el mayor asesino de la historia.
¿Parece una buena premisa verdad!?
Pues ni de coña.
Y es que el film sufre de muchos problemas.
Para empezar, los personajes y sus interpretaciones son en su mayor parte, planas y reguleras.
Pero es que, además, quiero creer firmemente que el film es una parodia al género, porque el vestuario y la caracterización parece reafirmar que el uso de pelucas se note tanto, al igual que los accesorios de los personajes, como las heridas del personaje de Elias (Fernando Gil) están tan mal ubicadas como la barba teñida que lleva.
Si seguimos con las actuaciones, Natalia Tena parece que parodie lo que sería una serial killer, sin rumbo ni coherencia, y la sobreactuación de Belén Fabra en escenas de angustia, añaden teatralidad en vez de tensión o miedo.
Por otro lado, la producción y la música son tan mejorables como hacerlos de nuevo.
Los cortes que dejan historias a medias, o sin sentido y que ni se retoman más adelante en la historia, hace que el espectador llegue a plantearse que Ulloa ha decidido hacer homenaje a Lynch y se haya quedado tan pancho.
La música o no tiene absolutamente nada que ver con lo que está sucediendo o parece que haya sido escogida por gusto personal, ya que se alejan de añadir tensión, drama o terror, acompañan las imágenes con una melodía asíncrona con los sucesos.
Pero es que además están las escenas de manual, que las va cumpliendo y atrás otra, y ahora un plano medio, y ahora esto y ahora un primer plano, y la protagonista rodeada de rectángulos que acompañen a su personaje y carácter, y la asesina en espacios abiertos, oscuros y tenues.
Aiiix, qué mal me sabe todo el conjunto.