O cómo una fiesta llena de buen rollo y buenas intenciones, degenera en una caza salvaje.

Basada en hechos reales, es la historia de una veintena de jovencísimos bailarines,  drogados a través de la bebida en una fiesta de gira. A partir de aquí se genera una gran paranoia por cazar y ajusticiar al culpable, además de los extremos efectos psicológicos que sufren durante la noche.

Me ha parecido un film impresionante, no sólo porque es Gaspar Noé, porque precisamente es un director al que no me hace especial gracia. Pero reconozco que aunque lleve su sello, esos colores, las luces, la intensidad de los colores, la música, los planos secuencia… todo el conjunto es electrizante.

La música desarrolla un importante papel, traspasa la pantalla para, lo que al principio es una envolvente música disco, acaba molestándote, agobiándote y hasta mareando, por el exceso de música alta, machacona y sonido desagradable.

A este efecto le ayuda los planos secuencia que componen el film, un total de 3 planos secuencia que ayudan a compartir ese agobio, esa alteración química sufrida por alucinógenos.

Y la historia en sí, las historias, paranoias y acciones que los bailarines llegan a realizar, son tremendas, impactantes y cargadas de gran brutalidad.

Banda sonora espectacular, te hace vibrar, sonidos muy bien trabajados para atravesar al espectador, planos visuales cargados de intención, abrumadoras situaciones,

Se ha convertido rápidamente en una de mis películas favoritas  del 2018.

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