o como la fragilidad femenina se transforma en una fuerza icónica de las mujeres.

La primera escena en una alegre excursión en un autocar escolar lleno de cantarinas colegialas, donde ven pasar el paisaje, los coches y el viento, extrañamente un viento fuerte, cada vez más intenso, cuando de pronto ese mismo viento sega por la mitad el autobús y con esa fuerza corta por la mitad a casi todas las alumnas. Mitsuko, que se salva de la carnicería en la que se han convertido sus compañeras, consigue salir aterrorizada del autobús, empieza a vagar por la carretera asustada y aturdida, mientras ve cómo ese viento demoníaco sigue arrancando extremidades a diferentes personas que como ella, van caminando por la carretera. Mitsuko cambia de escenario de pronto y se encuentra en un lugar totalmente diferente, con diferente vida, estado y ambiente e incluso de nombre.

Una declaración de intenciones por parte del director, Sion Sono, donde quiere mostrarse la debilidad de la mujer víctima en muchas películas, series, video juegos, música y por supuesto, en la vida real. En una sociedad como es la oriental, donde la mujer, como en muchas otras veces o sociedades, queda fuera, exclusa de voto o libertad.

Varias historias entrecruzadas teniendo como principal personaje a la misma chica, Mitsuko, donde a medida que va narrándose la historia, la confusión y el despiste toman forma poco a poco para mutar a la alegoría del sexo débil convertido en fuerte.

La verdad es que tenemos que hacer un acto de de fe para poder abstraer el tributo que hace el director hacia las mujeres, porque a veces personajes o situaciones te descolorán de tal manera que hace que te alejes de la película y pierda el sentido que quiere darle.

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