Núria, Lila y Andrea se disponen a pasar un fin de semana juntas, fuera de la ciudad, en una casa inteligente, de lujo y llena de obras de arte que un amigo de Núria le ha dejado. Su grupo de WhatsApp arde lleno de buenas intenciones, pero la realidad es que a las tres les da mucha pereza… Todo cambia cuando una pregunta inocente las empuja a liberarse y a dejarse llevar por sus impulsos.

Las irresponsables, la nueva película de Laura Mañà, parte de una premisa que podría haber dado pie a una comedia ácida sobre las dinámicas familiares y las heridas que viven entre hermanas.

Sin embargo, a medida que avanza la película, tienes la sensación de estar viendo algo demasiado moldeado, demasiado reconocible, como si todo estuviera encajado dentro de un esquema muy prefabricado y mil veces tratado.

Desde el principio, los personajes parecen responder más a estereotipos que a personas reales. La dinámica entre las hermanas se construye sobre arquetipos muy marcados: por un lado, la hermana mayor, la que siempre tiene todo bajo control, la que aparenta hacerlo todo bien, la “doña perfecta” que sostiene el equilibrio familiar. Por otro, la menor, presentada como el polo opuesto: caótica, incapaz de organizar su vida y siempre necesitada de ayuda, como si no pudiera resolver nada por sí misma.

Ese contraste, que podría haber servido para explorar matices y contradicciones, termina moviéndose casi siempre dentro de caminos muy previsibles. La relación con la madre, que debería funcionar como núcleo emocional de la historia, también se percibe tratada desde lugares muy reconocibles, sin demasiada sensación de libertad o sorpresa en su desarrollo.

La película está rodada prácticamente en una única localización, una decisión que en principio podría resultar limitante, pero que en algunos momentos juega a su favor. Es precisamente ese espacio cerrado el que introduce ciertos momentos de humor cuando las protagonistas descubren lo que esconde ese lugar, generando situaciones que rompen, al menos por instantes, con la rigidez del planteamiento inicial.

Aun así, queda la impresión de que Las irresponsables no termina de soltarse. Todo parece demasiado marcado, demasiado encajado en sus propios moldes. Una historia que podría haber sido más libre, más imprevisible y más afilada, pero que prefiere transitar por caminos ya muy reconocibles.

No es una película sin interés, y tiene momentos que funcionan, sobre todo cuando el humor surge de la propia situación. Pero uno no puede evitar pensar que, con un poco más de riesgo y menos apego a los estereotipos, el resultado habría sido mucho más estimulante.

https://youtu.be/8kkohYV2_Jw?is=PHxuSEvCwwhciT_5