O cómo un desastre mundial hace que agudicemos nuestros aletargado sentido de supervivencia dormido por las comodidades actuales.

En la actualidad, en cualquier parte del mundo, de pronto la electricidad se va, no funciona nada, piensas que es pasajero, que pronto volverá. Lo mismo piensas al día siguiente, pero cuando los días pasan y sigue no sólo sin noticias de tener energía artificial, sino que las cosas empiezan a escasear y no ser automatizadas, es cuando esta familia de Tokio, una de las ciudades más tecnológicas del mundo, tendrán que aprender a sobrevivir.

Un film, como tantos sobre un desastre poco común y pero cada ve más posible, como la anulación total cualquier forma de energía, se trata de una forma tan común como hipnótica, cómo transcurre, simplemente es un día a día en el que hay que volver a aprender a hacer las cosas, a ser ingenioso, a tener en cuenta la naturaleza, a tener otros valores y valorar lo que tenemos, ahora totalmente impersonal y automático, donde máquinas y software hacen tarea y procesos por nosotros, sin que nos demos cuenta: el alumbrado de una escalera, la preservación de los alimentos en una nevera, cómo se cose sin depender de máquinas… ejemplos sencillos de una complicada lista sin fin de cómo empezaríamos a asumir que tenemos que hacer todo de nuevo, sin un Internet que nos enseñe tutoriales de cómo son las cosas.

Con un público encantado de esta historia japonesa, la narración, la historia cómo es contada, las diferentes y complicadas situaciones, los personajes que van encontrando por el camino, son una representación de lo que nos podría pasar a cualquier de nosotros en cualquier momento.

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