
Tras 20 años de ausencia, Odiseo aparece en las costas de Ítaca, demacrado e irreconocible. El rey ha vuelto al fin a casa, pero muchas cosas han cambiado a su reino desde que partió para luchar en la guerra de Troya. Ahora, se verá obligado a enfrentarse a su pasado para salvar a la familia y recuperar el amor que ha perdido.
Uberto Pasolini revisita uno de los grandes mitos de la literatura clásica en El retorno de Ulises, una película que apuesta por una mirada más humana, más física y más dolorosa sobre el legendario héroe griego. Lejos de la épica grandilocuente que muchas veces acompaña a estas historias, el film propone un retrato más íntimo y desgastado del personaje.
Ralph Fiennes se pone en la piel de Ulises con una transformación física sorprendente. El actor, que recientemente lo hemos visto en registros muy distintos —como en Cónclave—, se sumerge aquí en un personaje completamente distinto: un Ulises vencido por el tiempo, marcado por la guerra, envejecido y con las fuerzas justas para seguir adelante. Su interpretación transmite el peso de todo lo vivido, el cansancio acumulado tras años de violencia y supervivencia.
Frente a él aparece una magnífica Juliette Binoche como Penélope. Su presencia en pantalla vuelve a atrapar al espectador, aportando una mezcla de fortaleza, dignidad y emoción que equilibra perfectamente la intensidad del personaje de Fiennes. La relación entre ambos sostiene buena parte de la fuerza emocional de la película.
Pero el film no se apoya solo en sus protagonistas. El resto del elenco también ofrece interpretaciones muy sólidas, con nombres tan reconocibles como Angela Molina, que aportan profundidad a este universo de personajes que rodean el regreso del héroe.
Visualmente, la película resulta muy inmersiva. La fotografía envuelve al espectador en un ambiente áspero y casi físico, mientras que el vestuario contribuye a construir un mundo creíble, duro y primitivo. Cada herida, cada golpe, cada empujón o ritual que atraviesan los personajes se sienten casi de forma tangible desde la butaca, reforzando la crudeza del relato.
Pasolini construye así una experiencia cinematográfica poderosa, que se aleja del mito heroico tradicional para mostrar a un Ulises profundamente humano, cargado de cicatrices físicas y emocionales.
El retorno de Ulises es una reinterpretación intensa y muy sensorial de una historia universal, sostenida por interpretaciones de gran nivel y por una puesta en escena que consigue sumergir al espectador en un mundo tan brutal como fascinante.