
Verano de 1990, en plena reunificación alemana tras la caída del muro de Berlín. Una familia encuentra en un almacén subterráneo millones de marcos de Alemania del Este, una moneda que está a punto de perder todo su valor frente a los marcos alemanes occidentales. Aprovechando diferentes vacíos legales, la familia dispondrá de unos pocos días para obtener beneficio del dinero, aplicando el mayor ingenio posible.
Basada en hechos reales, Two to One, dirigida por Natja Brunckhorst, es una comedia coral ligera y muy entretenida que apuesta claramente por el humor y por el disfrute del espectador. La película parte de una idea realmente ingeniosa, que sirve como punto de arranque para una cadena de situaciones tan absurdas como divertidas.
El film funciona bien gracias a su carácter coral. Cada personaje aporta su propio talante, su personalidad y su forma particular de enfrentarse a los acontecimientos que van surgiendo. Ese mosaico de personajes genera una dinámica muy viva, donde los enredos y las decisiones improvisadas van provocando momentos cómicos que se suceden con bastante ritmo.
La ambientación es otro de los aspectos que ayudan a que la historia funcione. La fotografía acompaña muy bien la época en la que se sitúa la película y el trabajo de recreación está cuidado, logrando que el espectador se sumerja con facilidad en ese contexto histórico que sirve de marco para toda la trama.
Pero lo que realmente define a Two to One es su tono. Es una película divertida, que invita a sonreír constantemente y que en más de un momento consigue arrancar carcajadas. No pretende ser una gran obra trascendental ni busca grandes reflexiones, y precisamente ahí está parte de su encanto.
Natja Brunckhorst construye así una historia que sabe perfectamente cuál es su objetivo: entretener. Y lo hace con eficacia, apoyándose en una buena idea de partida y en un reparto que juega bien con el ritmo cómico de las situaciones.
Two to One es una obra ligera, simpática y muy disfrutable. Una de esas películas que cumplen su misión sin grandes pretensiones, pero dejando al espectador con una sonrisa al salir de la sala.