
La donación millonaria de una nonagenaria a un joven artista desata un escándalo que lleva a su hija a destapar una presunta corrupción política en la que está implicado un ex presidente. Película inspirada en la figura de Liliane Bettencourt, la que fue la mujer más rica del mundo como heredera de L’Oréal y protagonista de uno de los escándalos más célebres de Francia
Dirigida por Thierry Klifa, es una película que aborda temas superficiales de poder y venganza.
Basada en hechos reales, la trama gira en un entorno empresarial donde las alianzas son frágiles y las traiciones son moneda corriente.
La narrativa está bien construida, con un inicio que mantiene la tensión y el interés del espectador, pero que se va diluyendo a medida que ya posiciona todos los personajes y la trama.
Se queda enquistada en lo mismo durante demasiado tiempo mientras y podría haberse dedicado a desarrollar más a fondo las complejidades de la trama.
Las interpretaciones están muy bien, especialmente de Laurent Lafitte, quien da vida a un personaje carismático y peligroso. Su interpretación es tan convincente que, al final, ver claramente su sistema manipulación a su alrededor, aunque la película no consigue explotar plenamente ese potencial. Las demás actuaciones complementan bien el elenco, aportando profundidad a los personajes secundarios que, de otro modo, podrían haber quedado en un segundo plano.
La fotografía de la película captura fielmente la atmósfera de la época, y ayuda a sumergir al espectador en el mundo empresarial de la década de 1980.
Sin embargo, a pesar de ello, la película no logra trascender por completo y se queda en un marco visual que, aunque bien logrado, no resuelve el problema de la trama.
La historia frece una historia intrigante y personajes memorables, pero su duración y estructura hacen que sea demasiado para lo que quiere transmitir y explicar.
