Muchas ideas interesantes atrapadas en un metraje que nunca termina de explotarlas.

El terror en formato found footage parecía haber dicho todo lo que tenía que decir hace años, pero de vez en cuando aparece alguna película que intenta darle una nueva vuelta a la fórmula.

Man Finds Tape, dirigida por Paul Gandersman, parte precisamente de esa intención: construir un relato de sectas, fenómenos sobrenaturales y misterio utilizando la falsa cámara en mano y las grabaciones domésticas como principal herramienta narrativa.

Sobre el papel, la propuesta resulta prometedora.

La película juega con varios elementos que suelen funcionar muy bien dentro del género. Sectas inquietantes, sucesos imposibles de explicar, cintas de vídeo que esconden respuestas y una puesta en escena que busca transmitir esa sensación de estar viendo material encontrado por casualidad.

Durante sus primeros compases consigue despertar la curiosidad.

Hay momentos donde el misterio funciona y el formato ayuda a generar cierta tensión.

La textura de la imagen, el uso de las videocámaras y la aparente naturalidad de las grabaciones aportan ese punto de autenticidad que siempre ha sido una de las grandes bazas del found footage.

El problema llega cuando la película intenta ir un paso más allá.

Da la impresión de que quiere ofrecer una vuelta de tuerca al género, sorprender al espectador con algo distinto o construir una mitología propia. La intención es evidente y resulta incluso admirable, pero el desarrollo nunca consigue estar a la altura de esas aspiraciones.

Porque las ideas están ahí, pero apenas se desarrollan.

La película introduce conceptos que podrían dar muchísimo juego, pero salta rápidamente de uno a otro sin detenerse lo suficiente para que adquieran verdadero peso. Las sectas, los elementos sobrenaturales y los propios misterios que plantea terminan funcionando más como apuntes que como pilares sólidos sobre los que construir la historia.

Y acaba pasando factura.

El guion da la sensación de quedarse constantemente en la superficie. Conforme avanza el metraje aparecen nuevas incógnitas, pero pocas encuentran un desarrollo realmente satisfactorio. En lugar de enriquecer el relato, esa acumulación de ideas termina debilitándolo.

Es una pena, porque había material para construir una película mucho más inquietante.

Visualmente cumple con lo que se espera del género. El uso de la cámara en mano y de las grabaciones en vídeo está bien integrado y nunca resulta un recurso gratuito. La atmósfera funciona en varios momentos y consigue transmitir esa incomodidad tan propia de este tipo de propuestas.

Sin embargo, ni siquiera una puesta en escena competente consigue compensar un relato que nunca termina de encontrar un rumbo claro.

Al final queda la sensación de haber visto una película con buenas intenciones y conceptos interesantes, pero incapaz de profundizar en ellos lo suficiente como para convertirlos en una historia realmente memorable.

Man Finds Tape intenta aportar algo nuevo al found footage, pero se pierde por el camino. La combinación de sectas, terror sobrenatural y falso documental tiene potencial, aunque el guion no logra desarrollar ninguna de esas ideas con la profundidad necesaria.