Una madre, infinitos universos y una venganza que desafía al tiempo

El cine fantástico lleva años utilizando los viajes en el tiempo y los universos paralelos para hablar de todo tipo de temas, pero Redux Redux, dirigida por los hermanos Kevin McManus y Matthew McManus, utiliza ese recurso para abordar algo mucho más visceral: hasta dónde es capaz de llegar una madre para hacer justicia por la muerte de su hija.

Una premisa tan sencilla como demoledora que convierte la película en una de las propuestas de ciencia ficción más interesantes de Sitges 2025.

La historia sigue a Irene, una mujer que descubre la manera de viajar entre realidades alternativas para perseguir una y otra vez al asesino de su hija. No importa cuántas veces tenga que repetir el proceso ni cuántos mundos tenga que atravesar: mientras exista una posibilidad de encontrarlo, seguirá adelante.

Esa obsesión es el verdadero motor de una película que mezcla thriller, ciencia ficción y drama familiar con bastante inteligencia.

Lo mejor de Redux Redux es que está muy bien pensada.

Los McManus construyen un mecanismo narrativo complejo, pero fácil de seguir, donde cada salto entre realidades tiene consecuencias y donde las reglas del universo quedan bastante claras desde el principio. La película consigue que el espectador acepte rápidamente su premisa fantástica para centrarse en lo realmente importante: el desgaste emocional de una mujer incapaz de abandonar su sed de venganza.

Y esa es probablemente su mayor virtud.

Porque, por encima de los viajes dimensionales o de las paradojas temporales, Redux Redux habla del duelo. De la incapacidad para aceptar una pérdida. De esa idea imposible de que, si existieran infinitas oportunidades, seguiríamos intentándolo una vez más.

La dirección de los hermanos McManus demuestra además un gran control del ritmo. La película avanza con agilidad, dosificando muy bien la información y evitando que el componente de ciencia ficción termine devorando la historia humana que hay detrás.

También ayuda una puesta en escena sobria pero efectiva. Sin necesidad de grandes despliegues visuales, la película consigue diferenciar sus distintas realidades y mantener siempre esa sensación de que cualquier decisión puede alterar por completo el rumbo de la historia.

Conforme avanza el metraje aparecen algunos pequeños problemas que impiden que la película alcance todo el potencial que prometía.

Ya sea por determinadas decisiones de montaje o por el propio guion, hay algunos detalles que se quedan sin resolver del todo. No son agujeros enormes que destruyan la historia, pero sí cuestiones que uno termina arrastrando hasta el final y que dejan la sensación de que ciertas ideas podrían haberse desarrollado un poco más.

Es una pena, porque el concepto da muchísimo juego y la película demuestra constantemente que tiene ideas muy interesantes.

Tampoco ayuda que, aunque el arranque y buena parte del desarrollo resulten muy absorbentes, el nivel de intensidad no consiga mantenerse durante todo el metraje. Hay momentos donde la tensión baja ligeramente y el relato pierde parte de esa fuerza emocional que había construido tan bien al principio.

No llega a desinflarse por completo, pero sí da la sensación de que el éxtasis que promete su premisa acaba siendo algo más contenido de lo esperado.

Aun así, Redux Redux nunca deja de ser entretenida.

Tiene ritmo, sabe manejar su componente fantástico sin complicarse innecesariamente y consigue que el espectador permanezca implicado en el viaje de Irene hasta el final.

Además, evita caer en el exceso de explicaciones científicas que tantas veces ralentiza este tipo de historias.

Aquí lo importante no es cómo funcionan exactamente los viajes entre universos, sino por qué alguien estaría dispuesto a repetir una y otra vez el mismo infierno.

Y esa pregunta sostiene toda la película.

En cierto modo, Redux Redux recuerda a títulos como Looper, Predestination o incluso Everything Everywhere All at Once, aunque con una escala mucho más íntima.

No busca deslumbrar con grandes conceptos filosóficos ni con espectáculos visuales desmedidos. Su apuesta es mucho más emocional: poner la ciencia ficción al servicio de una historia de pérdida, culpa y obsesión.

Redux Redux es una película inteligente, bien construida y con una premisa que atrapa desde el primer momento. Quizá algunos aspectos del guion y del montaje dejen pequeñas preguntas sin respuesta y la intensidad no logre mantenerse siempre al máximo, pero nunca pierde de vista lo esencial: contar una historia de venganza tan fantástica como profundamente humana.