O cómo tu obsesión por algo que es tu vida puede enterrar recuerdos y memorias.

Charlotte, una niña prodigio del chelo, vuelve con sus progenitores musicales, Paloma y Anton, donde una nueva promesa, Lizzie, eclipsa todo cuanto ha hacho Charlotte. Las jóvenes chelistas entablan una relación y emprenden un viaje que se convertirá en una pesadilla para Lizzie, ya que empezará con unas grotescas visiones sobre su cuerpo lleno de bichos, tanto por fuera como por dentro y será Charlotte quien le ofrece la solución de cortarse la mano de la que le salen tantos bichos, arruinando así la vida de la promesa del chelo y siendo repudiada por los sus instructores, empezará una venganza contra Charlotte…

Bravo, bravo y bravo a las vueltas de tuerca que parecen sin ser y que la obviedad hace que te nuble la verdad.

Sin entrar en spoilers, me encantó cómo deriva de una cosa que parece a lo que realmente es, la venganza, la humillación, la vergüenza, la pasión,…

Una interpretación de Allison Williams de la que sospechas al principio, la odias a la mitad y la adoras al final…

Y Steven Weber, como siempre, una interpretación brutal igual que el papel que ha de interpretar.

Y ese final, ese final!!!! apoteósico, un final digno de aplausos y vítores.

Un visionado obligatorio para los amantes del género de terror o el cine gore, sin duda alguna, así como una brillante historia contada de otra manera.

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