
‘Sisu: camino a la venganza’: sangre, vísceras y cero ganas de pedir perdón
Sisu: camino a la venganza, porque esto es exactamente eso: un viaje cuesta abajo, sin frenos, lleno de sangre, explosiones y cuerpos humanos tratados con el mismo cariño que una lata de refresco bajo una apisonadora.
Dirigida y escrita de nuevo por Jalmari Helander, la película pasó por Sitges 2025 dentro de Sitges Collection, con 89 minutos de duración, fotografía de Mika Orasmaa y un reparto encabezado por Jorma Tommila, Richard Brake y Stephen Lang.
La sinopsis oficial recupera a Aatami Korpi, “el hombre que se niega a morir”, regresando a la casa donde su familia fue asesinada para desmontarla, cargarla en un camión y reconstruirla en un lugar seguro. Pero, claro, aparece el comandante del Ejército Rojo que mató a los suyos y empieza una persecución absolutamente salvaje.
Y ya está. Esa es la trama. Tampoco pidamos a Sisu que se ponga ahora a escribir a Chéjov entre desmembramiento y desmembramiento.
Es una película festivalera en el sentido más puro de la palabra. Una de esas sesiones que sabes a qué vienen: a contentar al fan, a subir el nivel de burrada, a provocar aplausos, risas nerviosas y algún “no puede ser” gritado desde la butaca. Su argumento es plano, absurdo y casi una excusa para encadenar escenas de violencia cada vez más locas. Pero es que eso es exactamente lo que viene a ofrecer.
El problema, o la gracia, depende del nivel de tolerancia de cada uno, es que poco tiene que ver con el impacto de la primera.
La primera tenía algo más compacto, más seco, más de western nevado con nazis recibiendo lo suyo y un protagonista convertido en leyenda silenciosa.
Aquí todo es más grande, más bestia, más desatado y más consciente de su propio chiste. Y claro, cuando una película sabe tanto que está haciendo el cafre, corre el riesgo de perder parte de esa sorpresa inicial.
Porque aquí no hay verosimilitud que valga. Ni falta que hace. Aatami Korpi no es un personaje: es un concepto. Es una roca con barba. Un mito finlandés con mala leche. Un señor que debería haber muerto unas veinte veces antes del segundo acto, pero sigue avanzando porque el título de la película no es Sisu por casualidad.
En finés, el término alude a esa mezcla de determinación, resistencia y cabezonería extrema ante la adversidad.
En cine, aquí significa básicamente: “me da igual que me revientes medio cuerpo, todavía puedo matar a cinco más”.
Los efectos están bien trabajados y la película sabe cómo hacer que cada salvajada tenga su pequeño momento de gloria.
Hay sangre, explosiones, impactos, cuerpos destrozados, muertes imposibles y violencia de dibujo animado pasada por una trituradora.
No es gore desagradable en plan realista; es gore de feria, de ovación, de “qué barbaridad acabo de ver y por qué estoy sonriendo”.
Eso sí: no tiene sentido hablar demasiado del guion. Ni de lógica. Ni de coherencia física. Ni de cómo demonios alguien sobrevive a según qué cosas. Porque la película no juega a eso.
Sería como ver una pelea del Coyote y el Correcaminos y quejarse de que la gravedad no está bien representada. Sisu: camino a la venganza vive en otro pacto con el espectador: tú aceptas la locura, ella te da sangre.
Ahora bien, ese pacto no es para todo el mundo.
Está claro que solo es para quienes realmente disfruten este tipo de cine. Si necesitas personajes desarrollados, tensión dramática real o una historia que evolucione con cierta profundidad, aquí igual acabas mirando el reloj entre amputación y explosión.
Pero si entras con ganas de una orgía de violencia absurda, entonces la película cumple su cometido.
Lo más honesto que se puede decir es que Sisu: camino a la venganza no busca mejorar la primera desde la narrativa, sino multiplicarla desde el exceso. Más persecuciones, más sangre, más enemigos, más imposibles, más “esto no puede estar pasando”. Y ahí funciona como espectáculo de Sitges: ruidosa, cafre, directa y pensada para que la sala reaccione.
Una secuela más hinchada, más absurda y menos fresca que la original, pero también una película que sabe exactamente qué botón pulsar en el fan del gore de acción. No hay que pedirle finura. No hay que pedirle realismo. No hay que pedirle demasiadas explicaciones.
Porque, al final, es eso.
Es Sisu.