Y llegamos a la película cuqui del Festival, ‘La leyenda de Ochi’, el Wes Anderson infantil con criatura adorable

Después de tanta sangre, tanto trauma, tanto body horror y tanto señor pasándolo fatal en casas encantadas, Sitges también necesitaba su película cuqui.

Y ahí entra La leyenda de Ochi, título español de The Legend of Ochi, una fantasía de aventuras dirigida y escrita por Isaiah Saxon en su debut en el largometraje.

La película pasó por Sitges 2025 y cuenta con Helena Zengel, Willem Dafoe, Emily Watson y Finn Wolfhard en el reparto.

La historia sigue a Yuri, una joven criada en una aldea remota donde todo el mundo teme a unas criaturas del bosque llamadas ochi. Pero, claro, esto es una fantasía familiar, así que cuando Yuri encuentra a una cría de ochi herida y abandonada, decide escapar para devolverla con los suyos. Aventura iniciada. Mochila emocional preparada. Criatura adorable activada.

Al principio la película juega un poco con el miedo.

Hay bosque, oscuridad, leyendas locales, adultos diciendo cosas como “no salgas ahí fuera” y esa sensación clásica de cuento donde el mundo exterior parece peligroso.

Pero enseguida queda claro que La leyenda de Ochi no quiere ser una película de terror, sino una aventura fantástica para todos los públicos. Una de esas historias donde la criatura que supuestamente daba miedo acaba siendo más achuchable que amenazante.

Lo más potente del film es su envoltorio visual. Es una película tremendamente bella, con una fotografía exquisita de Evan Prosofsky, colores saturados, paisajes de cuento y una imagen que parece querer recuperar cierta fantasía artesanal de los 80 y 90, pero pasada por una sensibilidad moderna.

Todo está lleno de verdes intensos, amarillos cálidos, cielos imposibles y una textura casi de álbum ilustrado.

Es imposible no pensar en E.T., en Dentro del laberinto, en La historia interminable, en cierto cine de aventuras familiar donde el viaje importa más que la sorpresa.

Pero también hay algo muy de Wes Anderson infantil, una composición medida, el gusto por los colores vivos, personaje algo excéntricos, una sensación de cuento ordenado al milímetro donde incluso el caos parece tener dirección de arte.

Y por teso mismo, no hay que buscarle mucho más.

La película es lo que es. Una aventura bonita, sencilla, amable y luminosa. La trama es la trama que hay: niña incomprendida, criatura adorable, mundo adulto equivocado, viaje de descubrimiento y mensaje ecologista/emocional bastante evidente. No viene a romper moldes narrativos ni a reinventar la fantasía. Viene a hacerte sonreír, a que digas “ay, qué mono” y a que te dejes llevar por el paisaje.

Y los ochi, por supuesto, son el gran reclamo.

La película trabaja con criaturas de apariencia muy física y expresiva, alejándose de esa sensación de CGI sin alma que a veces arruina el cine fantástico familiar. La cría de ochi tiene ese punto de bicho raro, peludo, vulnerable y adorable que hace que la película se gane al espectador casi por chantaje emocional.

El reparto acompaña bien, aunque aquí nadie viene a robarle protagonismo al bicho. Helena Zengel sostiene la película con esa mezcla de fragilidad y determinación que necesita Yuri.

Willem Dafoe, parece nacido para aparecer en cuentos raros, con esa cara capaz de ser amenaza, caricatura, tragedia y leyenda local al mismo tiempo. Emily Watson y Finn Wolfhard completan un reparto que le da empaque a una historia bastante sencilla.

La música de David Longstreth también ayuda a reforzar esa sensación de fábula luminosa, de aventura iniciática y de mundo propio.

No es una película que busque grandes sobresaltos, sino acompañarte en un viaje bonito, con sus momentos de peligro blando, sus persecuciones, sus descubrimientos y su criatura mirando con ojitos de “por favor, quiéreme”.

¿Es una película memorable? Depende de lo que le pidas. Si vas buscando una fantasía compleja, con capas adultas, oscuridad profunda o una historia que te sorprenda a cada giro, quizá se te quede corta.

Pero si entras aceptando que esto es la película amable del festival, la de respirar entre cadáveres, sangre y traumas, entonces tiene mucho encanto.

Porque La leyenda de Ochi es exactamente eso: una película cuqui. Bonita, colorida, familiar, con monstruos que en realidad son achuchables y una aventura que no necesita complicarse demasiado para funcionar. Es más postal fantástica que bofetada emocional.

Más cuento ilustrado que épica descomunal. Más “qué monada de criatura” que “qué giro de guion”.

Es una fantasía visualmente preciosa, sencilla y muy disfrutable para todos los públicos. No le pidas una revolución narrativa ni una oscuridad que no quiere tener. Pídele colores vivos, una criatura adorable, aventura clásica y un ratito de cine fantástico con corazón.