Una madre enfrenta sus miedos y preocupaciones más profundos mientras lidia con los desafíos de la maternidad.
‘Mother’s Baby’: maternidad, paranoia y un bebé que da mal rollo… pero sin terminar de romper la cuna

La película de Johanna Moder figura en la programación de Sitges como Mother’s Baby, no Mother’s Love. Y, la verdad, el título le va bastante bien, porque aquí todo gira alrededor de esa criatura que debería ser fuente de felicidad absoluta… pero que desde el minuto uno parece venir con letra pequeña, cláusula oculta y una alarma sonando en la cabeza de su madre. La película se presentó en Sitges 2025 dentro de la Sección Oficial Fantàstic Competició, con 108 minutos de duración, y cuenta con Marie Leuenberger, Hans Löw y Claes Bang en el reparto.

La historia sigue a Julia, una directora de orquesta de 40 años que, junto a su pareja Georg, busca tener un hijo. La esperanza llega a través del doctor Vilfort y un tratamiento de fertilidad, pero el parto no sale como debería: el bebé es apartado de Julia inmediatamente y, cuando por fin se lo devuelven, algo no encaja. O quizá sí. O quizá el problema está en ella. Ahí está el juego.

Y ese es, sin duda, el punto más interesante de Mother’s Baby: jugar con la duda. La película se apoya en ese miedo tan primario que aparece cuando el terror pone a un bebé en el centro del plano. Porque un bebé debería transmitir ternura, protección, fragilidad. Pero el género fantástico sabe perfectamente que, si lo iluminas raro, si haces que llore cuando no toca o si consigues que su madre lo mire como si fuera un intruso, la cosa cambia bastante. Ahí ya no estamos en una habitación infantil: estamos en terreno pantanoso.

Moder construye su película alrededor de esa ambigüedad: ¿Julia está atravesando una depresión posparto que le impide conectar con su hijo o realmente hay algo extraño en ese bebé? ¿Estamos ante una historia sobre maternidad, trauma y culpa, o ante un thriller de ciencia médica con criatura “programada” incluida? La película coquetea con ambas posibilidades, y durante un buen tramo consigue que el espectador compre el doble juego.

La fotografía de Robert Oberrainer y la puesta en escena ayudan mucho a sostener esa incomodidad.

Todo tiene un punto frío, clínico, casi demasiado limpio. La casa, la clínica, los espacios donde debería haber calma… todo parece diseñado para que algo no termine de respirar bien. No estamos ante una película visualmente deslumbrante en plan “mira qué plano más bonito”, sino ante una propuesta que sabe generar una sensación de esterilidad emocional muy adecuada para lo que cuenta.

El problema es que la película es correcta, pero demasiado correcta. Y eso, en terror, puede ser casi una condena. Tiene una interpretación solvente, una atmósfera bien trabajada y una premisa con gancho, pero el desarrollo no termina de sobresalir por nada realmente especial. No hay una escena que te reviente la cabeza, ni un giro que cambie las reglas del juego, ni una mirada lo bastante personal como para colocarla por encima de otras películas que ya han jugado con la misma carta: madre agotada, bebé inquietante, entorno médico sospechoso y duda permanente sobre la salud mental de la protagonista.

Inevitablemente, Mother’s Baby dialoga con una tradición bastante reconocible. Está el eco de La semilla del diablo, con esa maternidad convertida en conspiración íntima; también se puede pensar en The Babadook, por cómo el miedo al hijo puede ser una forma deformada del dolor psicológico; o en propuestas más recientes como False Positive, donde la fertilidad, la medicina y el control del cuerpo femenino se mezclan con el thriller paranoico.

La diferencia es que aquellas películas encontraban una identidad más marcada. Mother’s Baby, se queda muchas veces en un terreno competente, pero poco memorable.

La interpretación de Marie Leuenberger como Julia está bien, y en gran parte es lo que convierte un film simplemente correcto en un metraje pasable. No es una actuación de fuegos artificiales, sino de contención: miradas, silencios, cansancio, desconfianza. La película necesita que creamos tanto en su fragilidad como en la posibilidad de que quizá esté viendo algo que los demás no ven. Y eso lo sostiene con solvencia.

Pero el terror que propone no termina de cuajar del todo. Está bien pensado, sí. La idea de convertir el vínculo madre-hijo en una zona de sospecha funciona. El bebé como presencia extraña funciona. La clínica de fertilidad como espacio de promesas demasiado perfectas también funciona. Pero todo parece quedarse en una versión ya conocida del cuento, sin una vuelta de tuerca que le dé verdadera personalidad.

Mother’s Baby es una película que se deja ver, que tiene oficio y que entiende perfectamente por qué los bebés pueden dar muchísimo mal rollo en el cine de género. Pero es una película que se queda a medio gas: nunca se hunde, nunca hace el ridículo, nunca se rompe… pero tampoco despega. Es como si estuviera afinando todo el rato una pieza musical que nunca llega a estallar.

En definitiva, una propuesta correcta, bien interpretada y con una atmósfera cuidada, pero demasiado familiar para quienes hayan visto unas cuantas películas sobre maternidad, paranoia y bebés sospechosamente inquietantes.

Mi Valoración Personal: pasable y con buenas intenciones, pero sin la fuerza suficiente para destacar dentro del subgénero de “mamá, creo que mi bebé viene con fallo de fábrica”.