‘New Group’: gimnasia escolar, borreguismo y una fantasía social, y eres de los que te atrapa… o te deja fuera…?

New Group , dirigida por el japonés Yuta Shimotsu, que ya había

pasado por Sitges con Best Wishes to All. La película se presenta en Sitges 2025 dentro de la Sección Oficial Fantàstic Competició, con 82 minutos de duración y una premisa de esas que suenan a delirio absoluto: una estudiante nueva empieza a observar comportamientos cada vez más extraños en sus compañeros y profesores, hasta que el instituto se transforma en una especie de culto colectivo sin voluntad propia.

Y sí, dicho así parece una locura. Viéndola, también.

Es una de esas películas que solo pueden salir de un cine fantástico muy libre, muy japonés y muy poco preocupado por caer bien a todo el mundo. Parte de un entorno reconocible —el instituto, las rutinas, la disciplina, el grupo— y lo convierte en una pesadilla geométrica donde los cuerpos se organizan, se apilan, se someten y dejan de pertenecer a sí mismos.

Sitges la vendía incluso como una especie de adaptación apócrifa del imaginario de Junji Ito, y la comparación tiene bastante sentido: cuerpos convertidos en forma, normalidad deformada y una lógica de pesadilla que no necesita pedir permiso.

Lo más potente de la película es su crítica social, ya que habla del grupo como amenaza, la obediencia como enfermedad, la necesidad de pertenecer y puede acabar anulando cualquier rastro de individualidad. No va precisamente con sutileza, pero tampoco creo que le interese.

Aquí la metáfora te salta encima con chándal escolar, coreografía colectiva y cara de “únete o serás expulsado”.

La puesta en escena es una fantasía. Hay un imaginario brutal en cómo Shimotsu convierte algo tan aparentemente absurdo como una rutina física de grupo en una imagen terrorífica. Esas composiciones humanas, esos movimientos sincronizados, esa manera de transformar el cuerpo colectivo en una criatura sin cabeza pensante… ahí la película encuentra su verdadera fuerza. No da miedo en el sentido clásico, pero sí incomoda. Porque lo que vemos es ridículo, sí, pero también reconocible. Y eso es lo peligroso.

La película conecta claramente con una tradición de terror sobre la masa y la pérdida de identidad: La invasión de los ultracuerpos, el manga de terror corporal, cierta ciencia ficción paranoica y ese cine escolar japonés donde la adolescencia nunca es solo adolescencia, sino un laboratorio de violencia, presión social y jerarquías absurdas.

Sitges incluso la describía como un relato donde las rutinas de gimnasio se transforman en una “danza de muerte”, lo cual resume bastante bien el espíritu del asunto.

Ahora bien: es el tipo de película en la que entras o no entras.

Y no hay término medio.

Si conectas desde el principio con su rareza, con su humor incómodo y con esa crítica al borreguismo llevada al extremo, New Group puede parecerte una marcianada magnífica. Pero si no compras el código desde los primeros compases, el viaje se puede hacer cuesta arriba. A medida que avanza, la película corre el riesgo de repetirse, de insistir demasiado en su propia idea y de provocar más pereza que fascinación.

Porque ese es el problema: la premisa es potentísima, pero también muy limitada. Una vez entiendes cuál es el funcionamiento de la película —grupo, obediencia, transformación, amenaza colectiva—, la sorpresa empieza a perder fuerza.

Y si el espectador no está completamente entregado a su universo, puede acabar desconectando. No porque no haya ideas, sino porque la película parece girar demasiadas veces alrededor de la misma imagen central.

Hay críticas que la han celebrado precisamente por su capacidad para mezclar horror, humor y comportamiento de masas, pero también otras que han señalado que su propuesta puede perder fuerza como largometraje. Algunas lecturas la han comparado con una revisión de La invasión de los ultracuerpos en clave política, donde la voluntad individual queda anulada para formar estructuras humanas casi rituales.

Y aun así, hay que reconocerle que tiene personalidad. Muchísima. Puede gustarte o puede darte pereza, pero no parece una película fabricada en serie.

Tiene imágenes propias, una lógica rara, una energía incómoda y una forma muy particular de hablar de la desigualdad, la presión social y la necesidad de formar parte de algo aunque eso implique desaparecer como individuo.

Lo que quizá le falta es una progresión más sólida.

El imaginario es brutal, la puesta en escena tiene momentos muy potentes y la crítica social está clara, pero el relato no siempre sabe cómo crecer. Es como si la película tuviera una gran idea visual y conceptual, pero no encontrara siempre la manera de convertirla en una experiencia plenamente sostenida durante todo el metraje.

New Group es una rareza japonesa con una puesta en escena fascinante y una crítica social bastante mordaz, pero también una película que exige entrar en su juego desde el principio.

Si conectas con su delirio, puede parecerte una de las propuestas más originales del festival. Si no, cada nueva pirueta colectiva puede hacer que te vayas alejando un poco más.

No es una película cómoda, ni redonda, ni para todos los públicos festivaleros. Pero sí es una de esas propuestas que recuerdan por qué el fantástico asiático sigue teniendo esa capacidad maravillosa de convertir una idea absurda en una pesadilla social.